
El problema no es la máquina.
Bill Gates pide a los gobiernos que regulen la inteligencia artificial (IA). Advierte que la autorregulación de las compañías no basta, que la tecnología ya es lo suficientemente poderosa como para provocar daños masivos y que el mundo no está preparado para lo que viene. Hace tres años, sin embargo, se opuso a frenarla.






